martes, 10 de enero de 2012

De Werther y el Paisaje...

En el prólogo de la edición de mi libro se dice que: “para leer el Werther hay que haber amado”, si no se tenía esta experiencia, no se comprendería los sentimientos de Werther hacia Charlotte. Y yo creo que no solo los sentimientos hacia Charlotte, si no también hacia el paisaje, pues me doy cuenta que el tipo de paisaje al que se refiere  el personaje, no es el paisaje estético como la corriente pictórica denominada “paisajismo”, por el contrario se refiere a un paisaje espiritual al que el Fil. Eduardo Ceballos* a nombrado: el Paisaje Poético. Y solo basta con leer las siguientes líneas para darnos cuenta de la forma en cómo se adentra al paisaje y  da la sensación de fundirse con él y hacer una solo:
“cada árbol, cada seto, es un ramillete de flores; le dan a uno ganas de volverse abejorro o mariposa para sumergirse en el mar de perfume y respirar el aromático alimento”
Como los magos renacentistas, Werther nos hace sentir lo intangible del mundo, no hace entrar en contacto con el ánima mundi, a través de su sentir hacia la naturaleza. Él descubre los torsos secretos del mundo, nos lleva a ese mundo oculto para las personas que vemos al paisaje como un elemento más de la naturaleza, que solo lo utilizamos, lo explotamos y lo vendemos, (los que más lo explotan son los biólogos, químicos y los que lo venden: políticos)
Cuando el valle se vela en torno mío con un encaje de vapores; cuando el sol de mediodía centellea sobre la impenetrable sombra de mi bosque sin conseguir otra cosa que filtrar entre las hojas algunos rayos que penetran hasta el fondo del san-tuario, cuando recostado sobre la crecida hierba, cerca de la cascada, mi vista, más próxima a la tierra, descubre multitud de menudas y diversas plantas; cuando siento más cerca de mi corazón los rumores de vida de ese pequeño mundo que palpita en los tallos de las hojas, y veo las formas innumerables e infinitas de los gusanillos y de los insectos”

De esta forma Werther nos hace saber que somos parte del paisaje, y que debemos estar al servicio de la unidad con la totalidad, y que nosotros como seres humanos debemos, por medio del espíritu, tratar de lograr esa unidad con un todo, de no estar aislados y de la misma forma no actuar conforme lo dicten los estándares de la moda, del consumo, donde el mundo se rige por las “marcas” y así no vivir insatisfecho.
“Cuando siento, en fin, la presencia del Todopoderoso, que nos ha creado a su imagen, y el soplo del amor sin limites que nos sostiene y nos mece en el seno de una eterna alegría; amigo mío, si los primeros fulgores del alba me acarician, y el cielo y el mundo que me rodean se reflejan en mi espíritu como la imagen de una mujer adorada, entonces suspiro y exclamo: «¡Si yo pudiera expresar todo lo que siento! ¡Si todo lo que dentro de mí se agita con tanto calor, con tanta exuberancia de vida, pudiera yo extenderlo sobre el papel, convirtiendo éste en espejo de mi alma, como mi alma es espejo de Dios!» Amigo... Pero me abismo y me anonada la sublimidad de tan magníficas imágenes”

 En la anterior cita, nos damos cuenta, del sentimiento de comunión con un ser superior, de una razón subordinada a la fe. Del encuentro con algo, que es mucho más poderoso que él. También podemos mencionar la relación que se encuentra con lo infinito, pues es un tema que toca muy a menudo en el transcurso de la historia, y recuerdo la frase “podemos recorrer nuestra alma en todas direcciones y nunca llegar al fin, porque nuestra alma es infinita”
Otro aspecto que quiero mencionar es el de la llamada “stanza”, es un lugar donde se logra que el mundo invisible aparezca en un todo, mediante un solo vértice de conexión (se puede asociar al “Aleph” de Borges) Este concepto es sumamente importante, puesto que la propuesta es que los diseñadores de paisaje incluyan en su diseños, lugares que cumplan las características de un “stanza”. Este concepto lo encuentro descrito por Werther en un pasaje de su vida en Alemania:
“No sé si vagan por este país algunos genios burlones, o si sólo existe dentro de mí la vívida y celestial visión que da apariencias de paraíso a todo lo que me rodea. Cerca de la ciudad hay una fuente, donde estoy encantado, como Melusina con sus hermanas. Siguiendo la rampa de una pequeña colina se llega a la entrada de una gruta; bajando después unos veinte escalones se ve brotar entre las rocas un agua cristalina. El pequeño muro que sirve de cinturón a la gruta, los corpulentos árboles que le dan sombra, la frescura del lugar, todo atrae y todo causa una sensación indefinible.”

Invito a hacer una reflexion sobre el como es que nos dirigimos hacia el paisaje, la naturaleza. Del mismo modo invitarlos a dialogar con él como un igual; el paisaje no es un objeto a servicio de la humanidad. Ambos paisaje-humano deberiamos entenderlo como un solo espiritu. Werther es un claro ejemplo de la pasion, la entrega y el amor por el paisaje; tomemos ese ejemplo y redireccionemos nuestra forma de vida.



*Eduardo Ceballos: Filosofo por la UNAM, Catedratico en FFYL, UAAP y FA.

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